Comprar caro es de izquierdas

El otro día escuché a Bop Pop, para mí, un soplo de aire fresco en el panorama televisivo actual, comentar la noticia del chalet de Pablo Iglesias y de Irene Montero. Tranquilos, no entraré en política.

El colaborador del programa Late Motiv me sorprendió afirmando, al comentar la noticia de la semana, que comprar caro era muy de izquierdas, y lo argumentaba, un tanto ingenuamente, en que si algo cuesta caro, es muy probable que los trabajadores hayan cobrado dignamente.

Se puede estar de acuerdo o no, e incluso se pueden hacer otras consideraciones sobre la noticia que no vienen a cuento aquí, pero, ya es una novedad que alguien se salga de las líneas de pensamiento que sigue todo el mundo y dé una nueva perspectiva de las noticias. El punto de vista único, marcado por intereses muchas veces ajenos a la propia historia y que inunda la radio y las portadas de los periódicos, es uno de los grandes dramas de este periodo de la sobrecomunicación.

Es cierto que un producto caro no necesariamente implica que el productor primario haya cobrado mucho. Roberto Saviano contaba, en su famoso libro Gomorra, como las famosas marcas de ropa italianas se fabricaban en talleres ilegales, controlados por la mafia, en el sur de Italia. Los smartphones y mucha tecnología se fabrica en China, en condiciones bastantes discutibles, a pesar de que el precio final puede llegar a ser el sueldo de un mes de una persona. ¡Cuánto costarían si se fabricara en Alemania!

Muchas veces he defendido que, en alimentación, las cosas ecológicas no tienen por qué ser más caras. Si le compras la verdura o la fruta o el queso directamente al agricultor o ganadero, eliminas la cadena de distribución y por tanto el precio puede ser más barato y el productor ganar más dinero, pero en productos que requieren un proceso de transformación y, por tanto, una cadena de fabricación y distribución, un precio muy bajo, es garantía de un pago escueto al fabricante primario o al trabajador que esté más abajo en esa cadena.

Pensemos en la leche. Para poder consumir la leche debe estar envasada y transportada hasta el supermercado dentro de mi ciudad. Si compramos un brick ecológico a 1,20€, salvo que lo especifique de alguna manera, eso no nos asegura que las ganancias se repartan con el ganadero o se queden en los distribuidores y el marketing. Sin embargo, si lo compramos a 0,40€, podemos tener bastante claro que tras quitar los costes de transformación, envasado y transporte, junto a la ganancia de cada uno de ellos y del vendedor minorista, ¿A cuánto le han pagado el litro al productor primario? (+info)

Nos sorprendemos cuando nos enteramos que las condiciones de trabajo de los mensajeros de empresas tipo Deliveroo o Glovo son difíciles, con mucho riesgo y muchas horas de trabajo para tener un sueldo digno, pero, ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar porque alguien nos traiga unos zapatos de la tienda? ¿pagaríamos 10 euros por que nos traigan algo que podríamos recoger nosotros?

La carrera por los precios bajos es una trampa que tiene ganadores y perdedores. Cuando hablamos de sostenibilidad rural y de empresas y trabajos artesanales, solo se puede competir en calidad, porque es muy difícil hacerlo en precios con empresas que siguen un modelo industrial, pero claro, ¿Cómo no mirar el precio si nuestros sueldos son también cada vez menores? Esto respondió Pop Pop:

 

Si queréis ver el argumento completo:

Acerca de Patricio Jiménez (160 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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