Artistas, ¿nostalgia de la censura?

Fuente: El confidencial (P.C.) Fuente: El confidencial (P.C.)

Es difícil se un l’enfant terrible en países democráticos, porque es difícil crear polémica en unas sociedades donde hay libertad de expresión. Por eso, los Artistas modernos sueñan con aquellas épocas en las que te podían prohibir un texto según le pareciera al censor de turno, te podían encarcelar por hacer una obra de teatro prohibida o incluso tenían que exiliarse a otro país para evitar la muerte.

Ahora, lo más parecido ocurre en los países árabes, donde actrices como Suzanne Naymeddin o el poeta Mohamad Alaaedin Abdul Moula están amenazados de muerte por pensar diferente. Por eso, cuando escucho a algún artista español hablar de censura, como aquí, me choca, pues es como si un representante sindical quisiera comparar el riesgo que corre luchando por sus derechos, al que corrían en los años 60.

Entiendo que es duro, para estos Artistas modernos, querer parecerse a los grandes artistas de la historia, con sus eternas luchas contra el sistema, y no encontrar la manera. Pero estoy harto de que se rasguen las vestiduras hablando de censura cuando no lo es.

La censura se hacía bajo el criterio de un censor, pero, por ejemplo, en el caso de la obra de Rodrigo García, Arrojad mis cenizas sobre Mickey, lo que se le ha obligado es a cumplir la ley 1/1990 del 1 de febrero de Protección de los Animales Domésticos porque maltrataba animales, y yo sí sé de psicología animal. Las leyes son las normas de convivencia de todos, que se conocen de antemano, y ni creo que sea comparable con la censura, ni creo que ningún Artista deba estar por encima de eso. Otra cosa es que si consideran que esa ley es injusta, o excesiva, utilicen los medios que tienen a su alcance para pedir que se cambie. Que es lo democrático.

Al igual que muchos políticos españoles utilizan las comparaciones con Hitler y el nazismo alegremente, creo que estos Artistas utilizan el término censura, tal vez con nostalgia, pero de forma completamente fuera de lugar. Otras Artistas como Angélica Liddell, consiguen provocar y remover conciencias sin incumplir la ley. Se masturba, insulta al público, se automutila… y su problema, como ella explica, no es que la censuren, sino que no la pagan, no la tratan bien y no la contratan, vamos, lo que le ocurre al 99% de las compañías de teatro de este país, y entiendo que prefiera hacer teatro en Europa, donde es un arte que, en general, se valora mucho más.

El caso del diplomático español y dramaturgo Íñigo Ramírez de Haro es diferente, pues a él sí que le ha afectado personal y profesionalmente sus polémicas obras como, Me cago en dios o Trágala Trágala, y, sin incumplir ninguna ley, el Ministro de Asuntos Exteriores le ha cesado de su cargo en la embajada de Serbia. Aunque tampoco tengo claro que se pueda hablar de censura como tal, pues sus obras también se estrenan en teatros públicos.

Hay una diferencia entre los artistas que buscan esos temas tabú, que nadie se atreve a tocar por respetar lo políticamente correcto, y que tienen el castigo sordo de la falta de subvenciones o de contratación, y quienes buscan la ilegalidad y la polémica fácil para llenarse la boca en los medios hablando de censura y que gracias a eso llenan titulares.

Hay que respetar el arte, hay que respetar el teatro y también hay que respetar la ley.

Foto portada

Fuente: El confidencial (P.C.)

Acerca de Patricio Jiménez (132 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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