El festival de la carne de perro de Yulin

El famoso festival de Yulin, en China, donde es tradicional comer carne de perro, está dando la vuelta al mundo, generando toda clase de críticas y protestas. Después de encontrar el fantástico reportaje de Vice, su visionado no puede más que inspirarme algunas preguntas que van más allá de si a mí me repugna más o menos ver a los perros expuestos en mercadillos.

El ser humano está catalogado como omnívoro. Nuestro cuerpo está adaptado, desde hace millones de años, a comer carne como complemento a la dieta, y como explica Juan Luis Arsuaga en su libro La especie elegida, probablemente, empezar a alimentarnos que proteínas y grasas animales, fue lo que favoreció el desarrollo de un órgano que requiere cantidades ingentes de energía, como es el cerebro.

Según esta teoría, la caza y la carne, habrían sido fundamentales para la evolución, aunque no somos esencialmente carnívoros, sino todo lo contrario. La carne debería ser un complemento a una dieta rica en fruta y verdura.

Aquí es donde nos encontramos con una disyuntiva muy grave. Un conflicto moral o incluso filosófico. ¿cómo comer carne y ser animalista a la vez?

Negar la mayor, que lo natural es no comer carne (como propugnan algunos vegetarianos) haría tener que retroceder hasta los antecesores del ser humano para encontrar “lo natural”, lo cual no deja de ser un sin sentido.  Por eso creo, que lo visto en el festival de Yulin, plantea gráficamente varias cuestiones importantes:

1- Para nosotros, culturalmente, el perro no es un animal comestible, es un animal de trabajo o de compañía, pero no se come. Algo diferente a los gatos, habituales en muchos platos durante la época de posguerra en este país. Sin embargo, la fiesta es muy parecida a nuestra tradicional matanza del cerdo. Una tradición muy popular desde la edad de hierro (1200-400 años A.C.), y muy reducida ahora por las normas de sanidad y de protección animal.

Entonces, ¿el perro se puede comer? yo no lo haría, pero entiendo que me enfadaría si alguien desde Australia me llamase asesino por comer carne de cerdo, en el supuesto de que allí se ponga de moda tener al cerdo ibérico de mascota (así deben sentirse los vietnamitas, por cierto).

2- Tal vez lo que nos repugne, sea el maltrato previo a comérselo. Ver a los perros apretados en jaulas esperando a ser llevados a la mesa pone los pelos de punta. Si además, como yo, eres un conocedor de la inteligencia que poseen, la situación coge un cariz mucho más trágico. El perro no sabe cuál es su destino, pero es plenamente consciente de su sufrimiento.

¿Habría que prohibirlo porque el perro es un animal inteligente? Eso es un argumento peligroso, porque, ¿alguien ha demostrado que el cerdo no lo sea?, realmente al contrario,

http://www.vivalebio.com/de/4patas/636-los-cerdos-seres-inteligentes-y-sensibles.html

La vida y la muerte, la caza y la pesca, forman parte de nuestra vida y creo firmemente que una sociedad que renuncie a eso, nos convertirá a todos en seres asépticos intelectualmente, en meros turistas que observan desde el coche con aire acondicionado. Entonces, ¿se puede hacer algo?, creo que sí.

Las sociedades primitivas conservaban un gran respeto por todos los animales que cazaban, pues muchos de ellos formaban parte de su panteón de dioses o eran reconocidos como regalos de éstos. Al convertirnos en agricultores y ganaderos, la caza dejó de ser tan esencial, pero los animales de granja también eran auténticos tesoros de los que dependía la economía familiar. En una palabra, en algún momento de nuestra historia, perdimos el RESPETO, por los animales que nos comíamos, y creo que ahí radica el problema y la solución.

¿Podemos comer carne de perro? sí, y de cerdo y de ternera, pero lo que no podemos hacer es torturarlos hasta el último momento. La globalización ha traído la posibilidad de que muchas familias, sea cual se su poder adquisitivo, pueda comer carne a precios muy bajos, pero eso también ha generado mega granjas donde el animal es un producto, no un ser vivo. El problema es que es un “producto” inteligente, consciente de su sufrimiento, que se reconoce a sí mismo…

No es la muerte, sino la tortura y el maltrato lo que nos convierte en seres repulsivos y de una catadura moral muy baja. Solo cuando volvamos a respetar al resto de seres que conviven con nosotros, sean de otra especie o de la nuestra, volveremos a ser parte de este planeta.

Habría que recordar más la carta del jefe indio Noah Sealth, en el año 1854. Ver carta.

Acerca de Patricio Jiménez (132 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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  1. Alerta vegetarianos, las plantas también sufren. – Cultura Animal

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