Antón García Abril: “Siempre he puesto, al servicio de lo que hago, lo mejor de mí”

Cuando se entra en el Gabinete de Historia Natural de Madrid, lo obvio, lo primero que sientes, es un cierto sabor a sabiduría añeja, reposada en el tiempo. Esperas encontrarte sentados en alguna de sus salas a vetustos caballeros con levita y largas barbas, charlando con algún joven vestido de caqui y salacot en sus rodillas mientras rememora su último viaje a algún lugar inexplorado.

En lugar de eso, entre las cornamentas traídas de otros continentes y la alfarería de medio mundo, destacan brochazos de modernidad como una impresora o una máquina de café, y en lugar de bastones y sombreros de copa, gorras y mochilas North Face que nos recuerdan que ya hace unos años que entramos en el siglo XXI.

Pero lo menos obvio, lo que no sale a bote pronto pero se mete en tu piel como el acogedor calor de un brasero en invierno, es la sensación de estar en casa de un amigo. Ese raro bienestar que se da en contadas ocasiones, ese espíritu de hermanamiento que ocurre por ejemplo en lo alto de una montaña, donde todos son compañeros.

El pasado viernes 4 había un motivo más que suficiente para que se creara ese ambiente. Si la figura de Félix Rodríguez de la Fuente nos cambió la vida a toda una generación, la banda sonora de El Hombre y la Tierra fue también la nuestra. No podíamos hablar como Félix, era imposible, pero podíamos tararear su música mientras jugábamos a explorar el campo o la explanada cercana a nuestra casa.

Y este día podíamos conocer, de tú a tú, al autor de esa música que muchos de «los niños de Félix» llevamos como melodía en nuestro móvil, para decirle al mundo que lo somos.

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Antón García Abril podría, por aspecto, estar con aquellos señores sabios que hablaban con el jovencito del salacot. Para todos los que llenábamos el salón central del Gabinete es el maestro que puso sobre la partitura nuestros deseos de conocimiento sobre el águila real o el lobo y el que hizo saltar de su asiento a Félix: «Cuando oyó la música saltó entusiasmado y dijo que eso era exactamente lo que estaba buscando. Tanto le gustó que se llevó la partitura y tuve que hacerla de nuevo».

Pero no solo eso. Sus melodías llenaron la televisión y el cine desde los años 60 a los 90, desde Sor Citroen a Los santos inocentes, Anillos de oro o Brigada central, una época dorada de la ficción en TVE que traspasaba fronteras: “Cuando vino a España, el presidente argentino Raúl Alfonsín pidió ver al autor de la banda sonora de Anillos de Oro. Su hijo quería casarse con esa canción”.

Pero las preguntas sobre Félix no se hicieron esperar. No en vano, García Abril colaboró durante 8 años con él creando toda la banda sonora de El Hombre y la Tierra:”Félix imponía mucho respeto por la seguridad con la que hacía las cosas”. “He oído hablar mucho de él, bueno y malo, pero lo cierto es que era muy riguroso. Era muy exigente porque pensaba que todos tenían la misma capacidad que él. Y eso era imposible”.

Un silencio denso nos recorrió a cada uno cuando alguien puso la melodía compuesta para el último viaje de Félix en Alaska:

 

 

El rostro del maestro, que nos había regalado varias muestras del humor ácido que caracteriza a quién ha vivido mucho, se tornó sombrío al recordar la muerte de Félix: “Mi padre se estaba muriendo y me había pedido que viajara fuera de Madrid porque quería verme. Entonces llegó la noticia de la muerte de Felix, Teodoro y Alberto. Fue un impacto tremendo y me quedé. Lo recuerdo como momentos de tristeza y culpa por no estar con mi padre”.

Pero siempre queda el recuerdo de los buenos momentos: “Quedábamos en el restaurante Chotis, cerca de aquí, y hablábamos de trabajo mientras nos comíamos un chuletón. Al principio pensé que me había metido en un lío tremendo porque en las películas los sentimientos te van guiando, en un documental no”.

El resultado, sin embargo, se ha convertido en un himno a la conservación de la naturaleza que dio la vuelta al mundo, desde la URSS hasta Cuba, y que pronto podremos disfrutar separado de las imágenes: “Hace tiempo, me pidieron grabar de nuevo los temas con la orquesta de RTVE, pero me negué. No sonaría igual. Ahora mis grabaciones originales se están remasterizando para sacar un box de varios cd’s con temas seleccionados por mí”.

Mientras esperamos a las navidades, nos dejó el recuerdo imborrable de oírle, de sus propias manos, la melodía de cabecera, aunque con media sonrisa socarrona le recordó a Luis Miguel que “eso no es un piano” señalando el órgano eléctrico colocado en mitad de la sala.

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Hace ya muchos años que García Abril no compone bandas sonoras: “no fui yo, fue el cine quien me dejó a mí”, dedicándose a la música sinfónica. La intérprete Pilar Rius nos dejó una muestra de la obra de uno de nuestros mejores compositores.

Y nos fuimos, como quien se va de casa de un amigo, sabiendo que habíamos sido testigos de uno de esos momentos de comunión entre humanos que tanto echamos de menos. Y nos despedimos de Antón García Abril, agradeciéndole todo lo que ha hecho por nosotros con su música. Y nos despedimos de los compañeros del Gabinete, David y Luis Miguel Domínguez, que como Tricicle al final de sus espectáculos, nos abría la puerta del portal y nos despedía. La función había acabado, ahora nos tocaba volver al frío siglo XXI.

 

Acerca de Patricio Jiménez (139 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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