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¿Dónde está mi tribu?

A raíz de la pasada Feria del Libro de Madrid, era frecuente que se hablara de libros en los medios. Así descubrí a Carolina del Olmo, que ha escrito un libro titulado ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista, y claro, me enganchó a la primera.

El planteamiento es justo lo que dice en el título. La autora tuvo un hijo y se dio cuenta de que entre uno, ni siquiera entre dos, se puede criar con facilidad y mantener el ritmo de vida social y profesional que exige hoy la sociedad.

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Afirma que, tener un hijo hoy, es incompatible con lo que se supone que seria un ocio normal (ir al cine, tomar unas copas en un bar o salir a cenar a un buen restaurante), una profesión (no se pueden llevar niños a la oficina o no facilita la tan valorada movilidad geográfica) e incluso una normal relación de pareja.

Hoy, los padres están solos y desconcertados, por lo que buscan ayuda en libros u opiniones de profesionales, lo que aumenta su confusión. Puedes encontrar, y de eso doy fe, una opinión y la contraria dicha ambas por grandes profesionales y especialistas. Si necesitaría ayuda de un grupo de personas, pero, ¿dónde están?

Efectivamente, el ser humano es un animal social que siempre ha criado a su prole en grupo. Podría remontarme a nuestros antepasados de las cavernas, o desde el momento en que nos pusimos de pie, cuando la cadera se tuvo que reestructurar para sujetarnos y el canal del parto en la mujeres se hizo más estrecho. Entonces los bebés, cada vez con unos cerebros más grandes, no podían salir sin perecer ellos y la madre. La Naturaleza, siempre sabia a la fuerza, nos hizo nacer a medio hornear. Salimos desvalidos, con muchos órganos aún sin madurar, los huesos del cráneo sin cerrar para facilitar el parto, sin ver bien, sin poder agarrarnos a nuestra madre, sin poder seguir al grupo por nuestra cuenta…

Pero no hace falta irse tan lejos. En el mundo rural, nuestros abuelos nacían rodeados de gente conocida. Sus vecinos podían ser sus tíos, abuelos, primos o cualquier otro tipo de parentesco. A veces incluso vivían en la misma casa varias familias, por lo que los niños se criaban entre todos.

Los vecinos que no eran necesariamente familia, también podían ejercer cierto control sobre el niño. Los padres eran conscientes de que si alguien veía a su hijo en un aprieto o haciendo algo mal, le iba a reprender o iba a avisarles con premura. Y los niños sabían que lo que les dijera o les pidiera otro adulto, por regla general, era de obligado cumplimiento.

Sin embargo, ahora, no está bien visto pedir ayuda. Los padres, uno o dos, debemos ser capaces de educar a nuestro hijo, cuidarle, darle atención, ir a trabajar, conservar a la pareja, ser buen ciudadano, votar con rigor democrático y todo sin errores. ¡Ah! y además ser feliz y sentirse realizado.

Cuando pedimos ayuda a los abuelos para poder salir un día al cine o para poder dormir, nos sentimos culpables y la sociedad nos recrimina por abusar de nuestros pobres mayores, ¿Donde está mi tribu?

¿Cómo cambiaría la crianza de un niño si viviéramos en una sociedad donde se viera como algo normal? Imaginen los que han sido padres que no hiciera falta que nuestro hijo durmiera solo, en una cuna, en otra habitación, sino rodeado de gente conocida, ¡qué fácil sería irse a dormir!, ¡cuántos malos ratos nos ahorraríamos!. Imaginaos también que compartiéramos puerta con sus tíos y sus primos pequeños, a veces nos tocaría estar al cuidado de varios niños pero otras podrías irte y dejar al tuyo al cargo de un familiar que le conoce tanto como tú. No tendríamos que dejar a nuestro bebé de apenas un año en una guardería, con gente extraña y con una sensación de abandono que te ata el estómago, tal vez podrías dejarlo con sus abuelos y sus primos o llevártelo a la espalda en la oficina.

En lugar de eso, ya ni se puede dar el pecho en un lugar público con naturalidad y vemos como un avance que pongan salas de lactancia en los centros comerciales. Es lo que nos ha tocado vivir. El individualismo nos genera algunos placeres pero también pérdidas que serán difícil de recuperar. Por eso, al menos hay que ser consciente de ello, pues las convecciones sociales son eso, convecciones, y tal como llegan, se pueden ir.

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Acerca de Patricio Jiménez (163 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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