El rescate de Tila: el serval que reabre el debate sobre el mascotismo exótico en España

La incautación de una hembra de serval en Alicante pone el foco en el auge de los animales salvajes como mascotas y anticipa la llegada de los Listados Positivos, una medida clave para frenar el sufrimiento animal y proteger la biodiversidad

El reciente rescate de Tila, una hembra de serval de cinco años, en un domicilio particular en la provincia de Alicante ha vuelto a encender las alarmas sobre el espectacular crecimiento del mascotismo exótico en España. La operación, coordinada por la Coalición para el Listado Positivo y el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil, culminó con el traslado del animal al centro de rescate y rehabilitación AAP Primadomus en Villena (Alicante), tras la petición de la familia que reconoció su incapacidad para continuar con su tenencia de forma segura y responsable.

El serval (Leptailurus serval) es un felino de mediano tamaño procedente del África Subsahariana, famoso por su agilidad y capacidad de salto, que en libertad puede alcanzar los tres metros para cazar aves al vuelo. A pesar de su carisma y su creciente popularidad en redes sociales, es una especie salvaje difícilmente adaptable al entorno doméstico. De hecho, el serval figura en el apéndice II de CITES, lo que implica que, aunque no se encuentra en peligro de extinción inmediato, su protección exige un estricto control de su comercio para evitar esa situación.

No son mascotas

“Un gato serval no es un animal de compañía”, sentencia Olga Martín, coordinadora de la Coalición para el Listado Positivo. Subraya que, aunque nacidos en cautividad, estos animales conservan intactos sus instintos naturales y sus necesidades comportamentales propias de depredadores territoriales. La vida doméstica suele resultarles tremendamente frustrante, lo que deriva con frecuencia en episodios de agresividad y comportamientos destructivos. Gritos, mordiscos, destrozos y ansiedad son habituales, agravando la situación para familias con niños pequeños o visitantes habituales.

El impedimento legal, sin embargo, suele llegar tarde. La ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales prohíbe ya expresamente la tenencia como mascotas de mamíferos silvestres adultos que superen los cinco kilogramos, como ocurre con el serval, que puede alcanzar los 18 kilos. No obstante, la aplicación definitiva de la norma depende de la aprobación formal de los Listados Positivos, prevista para el próximo año, lo que deja un vacío temporal que los propietarios actuales y potenciales intentan aprovechar.

Tila no es un caso aislado. Los servales se encuentran hoy entre las cinco especies más rescatadas tanto en España como en Europa. La demanda, lejos de decrecer, sigue en aumento, empujada por el efecto escaparate de las redes sociales, donde la imagen de tener un “minileopardo” en el salón resulta extremadamente atractiva y seduce a muchos sin experiencia ni información real sobre los retos del día a día.

La familia que solicitó el rescate de Tila lo reconoce abiertamente. “En las redes ves solo los momentos bonitos, pero la realidad es muy diferente cuando el animal crece. Mantenerlo en casa es casi imposible, especialmente con niños pequeños o gente de visita”, aseguran fuentes familiares. Las dificultades para cubrir necesidades básicas, como el espacio o la estimulación ambiental, junto a problemas de convivencia que pueden poner en riesgo tanto al animal como a las personas, generan situaciones insostenibles que terminan solicitando ayuda especializada.

Otros rescates

El fenómeno trasciende el caso de Alicante. El pasado mes, durante una operación antidroga en la isla de Gran Canaria, la Guardia Civil incautó cinco ejemplares de serval: una hembra gestante, un macho adulto y tres crías de apenas cuatro meses. Según la investigación, los animales habían sido introducidos en España de manera ilegal, sin los permisos CITES necesarios ni el más mínimo control aduanero o sanitario, con el consiguiente riesgo para la biodiversidad, el bienestar animal y la salud pública.

Para las autoridades y organizaciones como la Coalición para el Listado Positivo, el despliegue de los Listados Positivos constituye el mejor antídoto contra esta tendencia creciente. El sistema pretende delimitar claramente qué especies pueden ser consideradas mascotas y cuáles no, facilitando un seguimiento efectivo y, sobre todo, previniendo situaciones de sufrimiento animal y peligro para el medio ambiente y las personas. Así, se evitaría que modas víricas o intereses comerciales a corto plazo pongan en riesgo tanto a los animales exóticos como a la ciudadanía.

La Coalición para el Listado Positivo, integrada por las ONG ANDA, FAADA y AAP Primadomus, impulsa la iniciativa en colaboración con las autoridades, bajo el paraguas del proyecto Save Exotics – Stop Amor Tóxico, financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el apoyo de la Unión Europea a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Su objetivo es ofrecer un marco legal claro y efectivo que ponga fin al vacío normativo y a la moda del mascotismo exótico, responsabilizando tanto a particulares como a comercios y plataformas digitales.

En definitiva, la historia de Tila es solo la punta del iceberg de un fenómeno complejo, en el que la fascinación por lo exótico choca con la realidad de los cuidados y la convivencia con animales salvajes. España avanza hacia una legislación más restrictiva, pero los casos de servales y otros mamíferos exóticos evidencian que aún queda camino por recorrer, tanto en protección animal como en concienciación ciudadana.

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