Siguiendo con lo prometido en el post de aves grandes, traigo una pequeña muestra de las especies de pajarillos que podemos encontrar en un simple paseo por la orilla del río Manzanares de Madrid, entre el Puente de los Franceses y el Puente de la Reina.
No hay necesidad de tener unos caros prismáticos ni de ir pertrechado como un naturalista avezado. En un sencillo paseo con mi hijo pude ver todas las especies que están reflejadas aquí. Y es que a veces simplemente se trata de saber qué mirar, pues no todos los pajaritos son gorriones y, si observamos bien, nos sorprenderemos de cuántas especies diferentes nos rodean.

Pero empecemos precisamente por el gorrión. Este pajarito de unos 15 cm es el cajón de sastre del mundo de las pequeñas aves. Si preguntas por ahí solo hay gorriones y, aunque es cierto que abundan en casi todas las ciudades del mundo, ni mucho menos es así.
Los gorriones se distingen fácilmente por su color pardo por arriba y más grisáceo por abajo. El macho tiene un babero negro muy característico. Tiene además un pico rechoncho y un canto no especialmente florido:
Aunque su color no parece demasiado útil para ocultarse de los depredadores en las baldosas de la acera, todo cobra sentido cuando se acercan al tronco de un árbol.
Son muy gregarios y es difícil ver uno solo. Siempre habrá varios que jugarán o se pelearán por un trozo de comida. Es común verlos cerca de las terrazas de los bares alimentándose de los restos de aperitivo que dejamos caer. Algunos son tan osados que casi nos lo quitan de las manos.
Para distinguirlos es clave ver su vuelo potente y directo y observar que cuando se mueven entre rama y rama no son especialmente rápidos, manteniéndose quietos el tiempo suficiente para verlos bien.
Por tanto, si vemos un pájaro moviéndose tan rápido entre las ramas que casi no podemos verle, no es un gorrión. Esta es la manera más sencilla de saber que es otro pajarito el que se cruza en nuestro camino, pero no para averiguar cuál es en realidad.
Sin duda la manera más sencilla de reconocer a ciertos pajaritos es por su canto.
Este sonido parecido a saltar en una cama de muelles oxidados es el del carbonero garrapinos

Aunque también es posible ver por estos lugares a su pariente el carbonero común, mucho más colorido pero de un canto similar.
Otro pajarito que comparte territorio es el herrerillo común.

Otro pajarito inquieto con un vuelo irregular y movimientos eléctricos que nos debe hacer saltar la alarma de que no estamos frente a un gorrión. Como en el caso de los carboneros, el herrerillo estará solo, buscando alimento y descolgándose como un acróbata.

El agateador común es un poquito más pequeño y muy difícil de ver, eso sí, si conseguís echarle el ojo, sabréis sin dudarlo de que se trata de esta especie,

pues la mayor particularidad de esta avecilla es que pueden agarrarse a los troncos de los árboles en cualquier posición.
Así que si veis un pájaro pequeñito, pardo, subiendo rápido por un árbol como si fuera Spiderman, casi con toda seguridad será un agateador común.
Un poco más grande es el estornino. Un pájaro negro de unos 22 cm con un canto muy singular:
Les podemos ver solo, buscando comida por los árboles, o en grandes bandadas para dormir al caer el sol.
Muy parecido, pero un poco más grande y con el pico amarillo, es el famoso mirlo común que aparece frecuentemente en cuentos infantiles por su preciado canto y que aquí podemos escuchar por las mañanas si prestamos atención:
Podemos verlos en un árbol o corriendo por el suelo, sí sí, corriendo, moviendo alternativamente las dos patas muy deprisa, al contrario que otras aves que van a saltitos.
El macho es así, completamente negro. La hembra es más pardusca y sin el pico amarillo.
La lavandera blanca es un pajarito muy fácil de distinguir por su larga cola que mueve de arriba a abajo constantemente.
Suele estar cerca de zonas de agua, y normalmente por el suelo.
Y por fin, uno de los más famosos habitantes del barrio. Un ave que nunca pensé que pudiera ver a 5 minutos de mi casa. Un animal que se había mantenido en mi memoria por los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente sobre ríos puros y cristalinos.
Había oído rumores pero hasta el año pasado no lo pude comprobar con mis propios ojos: el martín pescador
A veces solo se ve una flecha azul a lo largo del río
Pero si tienes suerte, se le puede ver posado en diferentes sitios
Evidentemente no están todos los que son. Con suerte se pueden ver también petirrojos, pinzones, mosquiteros… o grandes grajillas que cruzan la M30 desde la Casa de Campo para dormir en las antenas
Madrid no solo son coches y polución, ni el río Manzanares es esa masa de agua sucia y estancada que a veces queremos creer. La vida crece en cada rincón, y de nosotros depende ser capaces de apreciarla.