Luis Montes, los Aché y los lobos modernos

Foto: Agencia EFE

El pasado día 19 de abril, murió el doctor Luis Montes Mieza, coordinador de urgencias del hospital Severo Ochoa durante 5 años y tristemente famoso por la persecución a la que fue sometido por los medios conservadores. Al doctor Montes se le acusaba de sedar excesivamente a enfermos terminales de dicho hospital. Al final fue cesado de su cargo, aunque las causas fueron sobreseidas al no poderse probar que la causa de las muertes de esos pacientes fuese la sedación.

Al ver la noticia, no sé por qué, me acordé de algunos pasajes del libro Tres Clanes, un libro donde los hermanos Ruiz Díez desgranan más de 20 años de observación de tres manadas de lobos en la montaña palentina. Según ellos, esos lobos nunca se comieron a ninguno de los miembros de su manada que hubiera muerto. Los restos de lobo depredados siempre aparecían cuando había un oso cerca.

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No me gustan las comparaciones morales entre animales y humanos. Creo que siempre son interesadas y estériles, pues es comparar las leyes naturales con todo un grupo de normas creadas por y para el hombre. Pero lo cierto es que tenemos una relación cada vez más extraña con la muerte y con nuestros congéneres.

Los animales sociales lo son porque hay un beneficio entre vivir solo y vivir en grupo. Hay que asumir ciertas renuncias, como hacen los lobos al aceptar que solo los alpha se apareen, a cambio de ayuda para cazar, defenderse y controlar un territorio amplio. Los osos pueden aparearse todos, si encuentran hembras, pero seguramente debieron ampliar su dieta vegetariana al no contar con 4 amigos que le ayudasen a cazar ciervos.

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Los humanos vivimos en un grupo cada vez más grande, y ya no solo sentimos que vivir así no nos trae beneficios sino que, cada mañana al coger el coche para ir a trabajar, pensamos todo lo contrario. 

Ese desapego con los vivos, está también con los muertos. Aunque todavía se sigue haciendo, sobre todo en pueblos, antes era más habitual velar al fallecido en casa, vestirle y arreglarle los propios familiares y recibir a los vecinos. Ahora eso nos parece un engorro y todo el proceso lo hacen unos extraños, muy profesionales eso si, y se vela en lugares asépticos detrás de una vitrina.

En mi propia experiencia, reconozco la comodidad que supone, pero también reconozco cierta sensación de vacío, una sensación de abandono en sus últimos momentos en la tierra. Sabemos que no somos los únicos animales que hacemos duelo, los elefantes, por ejemplo, también, y los ritos funerarios seguramente marcan el inicio del ser humano como tal.

El sacrificio de personas ancianas e inválidas es muy antiguo. Los Aché, una tribu del Paraguay, asestaban un golpe seco en la cabeza de las personas que no podían seguir el ritmo del grupo. No se hacía por crueldad, ni por placer, se hacía por el bien del grupo y también, por qué no decirlo, de la propia persona que no disponía de paracetamol o mitamizol para calmar los dolores. Ahora nos parece cruel, y sin duda lo sería, teniendo en cuenta que sí disponemos ya de fármacos para aliviar los dolores hasta el momento final de nuestros días, ¿por qué no utilizarlos?

No es casualidad, que los detractores del doctor Montes fueran aquellos que habían sufrido sus protestas ante la privatización de los hospitales y que torcían el gesto ante su defensa de una sanidad progresista y de servicio público. Los mismos que ya le conocían de los años 80 cuando defendió que los abortos se pudieran realizar en hospitales públicos. Alguien anónimo denunció un exceso de sedaciones sin aportar pruebas. Los medios y los políticos conservadores hicieron el resto.

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Miguel Ángel Rodríguez fue condenado por injurias al doctor Montes. Foto: EFE

Lo grave, es que lo importante no fuera debatir si como animales sociales debemos permitir el sufrimiento gratuito, lo que dicho así, en otro contexto, sería tildado de crueldad, sino que de lo que se tratara era de desprestigiar y expulsar a alguien que piensa de otra manera. 

Esa es la defensa del territorio del hombre moderno. No hay ética, no hay moral, hay algo más primitivo que todo eso, la defensa de las posesiones, del dinero, del negocio. Y para eso si hace falta se liquida a quien sea, aunque sea socialmente. La muerte digna ¿quién estaba hablando de eso?

Acerca de Patricio Jiménez (152 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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