• 29 febrero, 2024
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Cómo conocí a Caperucita

Cómo conocí a Caperucita

Cuando la mente está muy ocupada con muchas cosas a la vez, hay informaciones, imágenes, que no se procesan en ese momento, sino después, en el autobús o cuando te sientas en el sillón al final del día. Así conocí yo a Caperucita.

Hace unos días, me ofrecí a realizar un pequeño recorrido por el el parque, detrás de su colegio, a una clase de niños de 3º de primaria del cole al que va mi hijo. La idea era que vieran que, en el parque al lado de su casa, podían ver fauna salvaje sin necesidad de prismáticos ni grandes conocimientos previos. Y fue un éxito. Una mañana soleada de finales de otoño pudimos ver urracas, abubillas, palomas, mirlos, gorriones, pero también llegaron a ver pito real, herrerillo capuchino, carbonero común, petirrojo… Los niños, de unos 8 años, se agolpaban a mi alrededor, algunos más distraídos, otros queriéndome demostrar cuánto sabían de animales, otros cosiéndome a preguntas:

— ¿tú conoces al pájaro papilla?, es que en casa tengo un pájaro que mi padre dice que es papillero.

Y entonces, cuando íbamos de vuelta por una zona de árboles donde había explicado un poco sobre las aves de bosque, apareció. Era más pequeñita que el resto de la clase, rubia, con gafas que amplificaban unos profundos ojos azules. No me había fijado en ella en todo este tiempo, se había quedado dentro del grupo de veinte niños, sin destacar. Hasta que se puso en primera fila y entre la algarabía de sus compañeros de alrededor, me dijo:

— Los bosques son oscuros y por eso los lobos viven en los bosques.

— Bueno, los lobos viven donde puedan ocultarse para que no los matemos, ahora se suben arriba, a las montañas.

Volvió a decir, con la misma cara seria:

— Pero, los lobos viven en los bosques oscuros.

— Los lobos viven donde pueden, los pobres, para evitar que los matemos.

Después mi recuerdo se borra, tal vez algún otro niño reclamó su momento de protagonismo, alguien había visto otro ave, un nido quizá. Ahora solo me queda la memoria de una niña muy pequeñita, de cabellos dorados y ojos azules, de corta edad pero llevando ya todo el peso de la tradición occidental contra el lobo a sus espaldas. Y sobre todo me queda la frustración de haber conocido a Caperucita y no haber sabido contarle otra versión del cuento.

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Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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