¿Adiestramiento o educación?

Tradicionalmente los humanos hemos mantenido a los perros por su utilidad y, en muchos casos, el trato que recibían no era mejor que el de las vacas o las gallinas. Había perros de guarda, de caza, perros pastores… También existían los “perros de pueblo” de los que se sabía que pertenecían a una casa concreta pero que vivían libres por las calles.

Realmente estaban en una sociedad paralela a la nuestra pues no entraban en casa, comían las sobras y recibían los cuidados mínimos siempre y cuando fueran útiles. Si daban problemas se les eliminaba pues no merecía la pena gastar tiempo y dinero en algo que no producía. Es cierto que siempre han existido perros de compañía, pero lo que ha quedado en el subconsciente colectivo ha sido lo referente a los “perros de pueblo”. Sólo hay que escuchar los consejos que aún dan ciertas personas, el número de galgos colgados o matados a tiros al final de cada temporada de caza o los maltratos y abandonos de los que son víctimas cada año miles de perros en este país.

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Sin embargo en estos últimos tiempos ha empezado a cambiar nuestra relación con los perros y ha renacido con fuerza una nueva utilidad, la compañía. Se tienen perros para que nos acompañen diariamente y los metemos en nuestra casa, conviven con nuestra familia y nuestros hijos, viajan con nosotros en nuestro coche y duermen en nuestro mismo hotel. Es decir, han dejado de vivir paralelamente a nuestra sociedad y han entrado de lleno en ella. Es el “perro-mascota”.

Esta nueva relación ha traído consigo nuevas necesidades y nuevos trastornos.
Un perro criado en la calle es difícil que tenga problemas de socialización o de miedos y su ambiente tiene unos límites claros y constantes que aprende rápidamente a respetar. En casa, sin embargo, es habitual que pasen una infancia demasiado tranquila que les transformará en adultos temerosos. Los ladridos excesivos o las micciones en nuestra alfombra son otros de los problemas actuales que no lo eran antaño. Les pedimos que vivan entre humanos y por eso oímos hablar de trastornos tradicionalmente de humanos como la ansiedad, las fobias o el stress. Pero la gran diferencia es que ahora, ante los problemas de nuestro perro, buscamos otras soluciones que no sean el abandono o la muerte.

La dificultad actual para los dueños es elegir entre un profesional de todos los que se ofrecen. Vivimos una época de transición con respecto a la educación canina en la que conviven viejas técnicas con otras nuevas, conceptos antiguos y confusión de términos.

Para intentar poner algo de orden vamos a diferenciar entre educación y adiestramiento. Estos dos términos se utilizan indistintamente de forma habitual pero su significado es completamente diferente.

El adiestramiento existe desde hace muchísimo tiempo y consiste en enseñar y potenciar una serie de habilidades del perro. Se desarrolla por fases. Primero hay un aprendizaje, sobre ese aprendizaje otro, y así sucesivamente de forma secuencial. La base del adiestramiento es lo que se llama “adiestramiento básico” o también “obediencia” y se trata a enseñar al perro a sentarse, tumbarse, estarse quieto, acudir a la llamada, no tirar de la correa… Con ello se logra tener un control sobre el perro y conseguir que fije su atención y concentración sirviendo como base para aprendizajes más complejos que acabaran haciendo de él un perro de utilidad, como guía para discapacitados, detector de drogas y explosivos, pastor, vigilancia, etc.
"me sé sentar a la primera"
El adiestramiento lleva implícito dos conceptos; por un lado el de utilidad, al perro se le adiestra para aprovechar sus especiales aptitudes, es una herramienta de trabajo, una prolongación nuestra para realizar una tarea. Por otro lado, el adiestramiento de un perro que tiene que realizar unas labores como éstas implica una selección previa. No todos los perros sirven, por eso los perros de utilidad pasan necesariamente una preselección para ahorrar al adiestrador el gasto de tiempo y dinero en un animal que nunca llegará a realizar su labor perfectamente.

La utilidad de un perro mascota, como hemos dicho antes, es la de compañía. Para ello debe ser un perro equilibrado, tranquilo, sociable con las personas y con otros perros y que conozca y respete las normas de la convivencia con los humanos. No es imprescindible que sepa sentarse, tumbarse y estarse quieto a la orden y sin embargo es muy habitual que cuando una familia llega a un profesional con su perrito de compañía la primera recomendación es “hacerle la obediencia”, lo cual puede ser práctico, pero no aporta mucho más en la educación del perro, y desde luego no resuelve ningún trastorno. Conozco casos de perros que participan en competiciones de obediencia al más alto nivel pero no pueden quedarse solos en casa porque la destrozan.

El educador canino no se preocupa de si el perro se sienta a la orden. De hecho muchas veces apenas trata con él pues su principal trabajo es enseñar a los dueños a crear un ambiente adecuado para que el perro tenga un buen autocontrol de su ansiedad, resistencia a la frustración y dominio de las herramientas sociales necesarias para su relación con los demás.

Un perro educado tiene capacidad suficiente para desenvolverse en su ambiente social, lo cual le evitará miedos y le enseñará a enfrentarse a las cosas con confianza y sin agresividad.

Para ello, el educador canino debe estudiar cada caso de forma individual y explicar a la familia los pasos a seguir. El adiestrador trabaja sobre el perro; el educador trabaja principalmente sobre el ambiente. Por eso es indispensable que los dueños entiendan qué deben hacer pues son ellos los únicos que pueden ayudar a sus perros.

Lo ideal para un educador es poder trabajar cuando todavía es un cachorro y así comenzar con unos cimientos sólidos. Cuando trabaja con perros adultos con problemas de agresividad, ansiedad o cualquier otro trastorno, lo habitual es que por debajo siempre exista un problema de educación.

Como son dos cosas diferentes no son incompatibles. Si tenemos un perro bien educado podemos querer ir más allá. Son muchas las situaciones en la vida diaria en la que es muy útil que el perro se siente, ande sin tirar de la correa o cualquier otra orden de las que entran dentro del adiestramiento básico. Afortunadamente en este caso la oferta es extensa y hay muy buenos profesionales con grandes conocimientos sobre el perro. Aún así, busquemos uno que trabaje en positivo y que permita participar al dueño.

Para concluir, debemos tener claro qué queremos conseguir de nuestro amigo canino y acudir a la persona adecuada. Desgraciadamente en muchos casos no es fácil, pues las modas hacen que todo el mundo se llame ahora educador canino. No se dejen engañar y elijan cuidadosamente, disfrutar plenamente de nuestro perro merece la pena.

Patricio Jiménez

Acerca de Patricio Jiménez (132 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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