Adoptar a un gato, Kalim: rompiendo el hielo

Aunque parecía que el tiempo no iba a pasar, ya hace casi una semana desde que llegó Kalim de una casa de acogida. Desde SOSfelino ya nos advirtieron de que Kalim se pasaría las primeras semanas escondido y así ha sido. También nos contaron que Kalim no es muy goloso pero es un apasionado del rayo láser, de perseguir al rayo láser exactamente, así que eso ha sido lo que hemos estado usando para intentar que sus ganas por jugar vencieran su timidez. Pero vayamos por partes.

En mi post anterior, expliqué como habían sido los primeros tres días y los ligerísimos avances que había notado en él. Durante esos días, no hacia mucho caso a los juguetes ni al láser, por lo que me decidí a jugar yo con ellos, delante de él. Seguramente no sea muy científico, pero yo me relajaría si viera a alguien cerca de mí pero no todo el rato pendiente de mí, es decir, yo creo que es un pequeño error que cada vez que vamos a verle debajo de la cama, no paremos de decirle cosas o intentemos tocarle.

Lo primero es que se relaje estando cerca de nosotros porque sepa que no vamos a intentar cogerle ni tocarle, y como ya vimos que una mirada fija suele ser entendida como un acto, digamos, violento, pues qué mejor que estar a su lado mostrando indiferencia. De este modo conseguí que no se pusiera tenso al verme y en algún momento durante el cuarto día, incluso llegó a estirar la pata para tocar el punto de luz del láser que yo, distraídamente, hacia pasar cerca de él.

Todo este proceso se realizaba en periodos frecuentes pero cortos, ya que cuando de repente se daba la vuelta y me daba la espalda, era claramente una señal de que yo ya no le interesaba, y al menos así lo entendía yo. Por fin, la noche del cuarto día me tumbé como siempre y empecé a jugar con el láser. Lo de tirarle trocitos de jamón cocido ya había dejado de hacerlo, aunque es cierto que delante de mí no los hacía caso pero en cuanto me iba se los comía. Tampoco era de extrañar ya que llevaba 4 días sin apenas comer, aunque tenía su pienso a disposición. Después de jugar yo un ratito con el láser, empezó a mostrar cierto interés por él y a lanzar la patita para coger el punto de luz.

Poco a poco fue cogiendo mas confianza y se fue acercando. Entonces me di cuenta de que empezaba a mirar más la mano que cogía el puntero que la propia luz, de modo que de vez en cuando le iba mostrando el dorso de la mano, sin acercarla demasiado, aunque seguía demasiado lejos para que yo llegara hasta él. Poco a poco, alternando láser y mostrando la mano, se fue acercando hasta tocar mis dedos con la parte de arriba de su cabeza.

A partir de ahí, el láser le daba bastante igual, y empezó a rozar toda su cabeza por la palma de mi mano. Se le notaba con muchas ganas de contacto y empezó a impregnar todo mi brazo con su olor. Yo, por mi parte, intenté no realizar ningún movimiento brusco, y dejar que fuera él quien llevara la iniciativa. Tras un rato se cansó y se volvió para el fondo. Por fin habíamos roto el hielo.

Acerca de Patricio Jiménez (132 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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