Los perros duros no bailan

En el último libro de perros de Arturo Pérez Reverte no hay perros. Eso no es una crítica negativa, solo una advertencia  para aquellos que lo compren esperando encontrar una historia de animales y también un aviso para los que no lo quieran leer porque solo les gusten las historias de personas. 

Los perros duros no bailan es una historia de humanos, pero haciendo el ejercicio literario de convertir a los personajes en perros. Esto suele ser lo normal. Hay muy pocos casos en los que en las historias se respeten los comportamientos y las actitudes de los animales. Lo normal es que los guiones se puedan pasar a personajes humanos con muy poquitos cambios.

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Película Mascotas

Los motivos pueden ser desde poner animalitos para que lo vean los niños a usar animales diciendo o haciendo algo que nos parecería muy duro o de mal gusto si lo hacen o dicen humanos. Este recurso ha sido muy utilizado en la historia de la literatura para poder sortear la censura del momento. Usar niños, animales o locos, servía para criticar diversos aspectos de la sociedad con la excusa de que, pobrecitos, ninguno de ellos tenía demasiado conocimiento. A la memoria me viene Cervantes con El coloquio de los perros pero sobre todo con El licenciado vidriera.

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Pérez Reverte también ha usado esta técnica para criticar la autocensura, ese miedo a decir ciertas cosas y que te vapuleen por las redes sociales, herramientas dignas de Torquemada, que se ha extendido por todos los medios y a todas las personas. De eso, él sabe mucho, pues sus peleas en redes sociales han sido muchas y variadas.

La historia de Negro, un perro usado para peleas clandestinas durante su juventud, es dura y llena de violencia, pero salvo algún comentario que podría ser tildado de machista, tampoco se justifica demasiado usar perros para contarla. Quentin Tarantino hace cosas mucho más violentas sin ponerse colorado. Parece que a pesar de todo, tampoco ha sido capaz de liberarse del todo de la autocensura.

Y me da rabia. Me da rabia pensar que obras de arte escritas, rodadas o pintadas hace décadas, incluso en plena dictadura, no podrían hacerse actualmente por la dictadura de las minorías. ¿Cuantas cosas interesantes nos estaremos perdiendo ahora?¿Por qué yo mismo llevo tiempo posponiendo un artículo sobre el movimiento animalista?

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Hace unos fines de semana, unos chavales de instituto, «unos jóvenes», organizaron un festival de cine, el festival Melies (http://festivalmelies.com). Se iba a hacer en unos espacios verdes que hay en una calle entre bloques de pisos. Eran dos días, con charlas y proyecciones de películas. El barrio estaba revolucionado con la iniciativa de los chavales, pero todo estuvo a punto de irse al traste por la queja de unos pocos vecinos. Al final, lograron hacerlo en el patio del instituto, pero no pudieron poner tres películas a la vez para tres rangos de edades diferentes, como era la idea. ¿Qué hubieran pensado esos jóvenes si cuando tienen iniciativa e ilusión por algo, se las cortan por la intolerancia de algunos?

Los perros duros no bailan, y a mí se me están quitando también las ganas de hacerlo.

Acerca de Patricio Jiménez (154 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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