Perros guía: un paso más allá del conductismo

Bruce Johnston es psicólogo y ciego. Si bien una la eligió y la otra no, inevitablemente convive con las dos facetas indistintamente. Como usuario de perro guía y posteriormente como asesor de la Guide Dogs for the Blind Association (UK), Johnston ha estudiado el aprendizaje del perro guía e ideado un método de adiestramiento cognitivo y holístico.

Su libro, La mente diestra del perro guía, editado en España por KNS, desgrana un método de adiestramiento donde el punto de inicio es la inteligencia del perro. Esto, que puede parecer una perogrullada, no lo es. Todo el adiestramiento tradicional de animales se ha basado en la idea de que el animal no es capaz de razonar, ni de seguir objetivos más o menos complejos. Se les ha tratado como pequeños robots, incapaces de hacer nada más que reaccionar a estímulos externos. 

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La causa fue el auge de las teorías conductistas a mediados del s. XX, que intentaron convertir la psicología en una ciencia exacta, medible, cuantificable, y para eso había que prescindir de todo lo que ocurriera dentro de la mente y no se pudiera comprobar. Las reacciones motoras frente a estímulos externos sí se podían ver de forma empírica. Los experimentos con animales, además, dieron buenos resultados y el condicionamiento clásico y operante funcionaba. Frente a un premio o a un castigo, podíamos conseguir crear o eliminar diferentes comportamientos en ellos.

Pero esas teorías que en el ser humano pronto se enfrentaron a críticas y detractores, pues era evidente que nuestra mente estaba llena de conceptos, de imágenes, de representaciones de la realidad, que no se podían ver ni medir en base a estímulos externos, sí se siguió manteniendo como explicación única para la inteligencia animal. Todo se explicó en base al conductismo, todo se basó en el conductismo, sin apenas fisuras hasta no hace mucho tiempo.

El adiestramiento de animales, desde perros a gallinas, se basó en el condicionamiento clásico y operante, es decir, hago entender al animal que si hace algo, le doy un premio. Con los perros se empleaba otra frase diferente: si no haces lo que te pido, te castigo. El castigo consigue resultados más rápidos a corto plazo, y en el perro era posible por su tendencia natural a someterse al líder, por eso se han cometido, y se cometen, auténticas barbaridades con ellos. Con animales salvajes o más independientes, el castigo no consigue la sumisión sino el miedo y la desconfianza, por eso para el adiestramiento de aves, delfines y animales así, se usó siempre el premio como refuerzo.

Pero, ¿qué tipo de aprendizajes se consiguen con el condicionamiento? En mi pueblo se decía un refrán: Por el interés te quiero Andrés. Cuando enseñamos un comportamiento a un animal con premios, para él lo menos importante es el comportamiento en sí, sino el premio, y eso se nota en dos cosas: solo hay que enseñar un trozo de salchicha a un perro sin darle ninguna orden, hará todo lo que le hayamos enseñado, sentado, tumbado, sobre dos patas o la croqueta, ¡qué mas da, pero dame el premio ya!.

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B.F. Skinner

Otra cosa que demuestra que el aprendizaje con premios no es firme, es que no es duradero. Los conductistas tienen muy estudiado que si premiamos todas las veces, el comportamiento decae, si dejamos de hacerlo siempre, al cabo de un tiempo, el comportamiento se extingue y si premiamos de forma discontinua, se mantiene. 

Con castigos es mucho peor. Si el perro siente dolor, deja de pensar. Solo le interesa encontrar la manera de evitar el dolor o el castigo, no le importará nada más y además pueden generarse otro tipo de problemas como la indefensión aprendida o extender el miedo a elementos que asocie con el momento del castigo, aunque no tengan nada que ver con el comportamiento que queremos enseñar o eliminar.

Pero los aprendizajes complejos e importantes, no se olvidan, por eso, y sé que esto puede escocer a algunos, el condicionamiento solo sirve para aprendizajes «sencillos». Es verdad, que los espectáculos de animales acuáticos se hacen con métodos conductistas, que los perros de explosivos o búsqueda personas también, e incluso hay auténticos duettos de danza, pero todo eso no dejan de ser órdenes básicas encadenadas para conseguir algo más complejo, ¿el perro sabe que está bailando con su dueño delante de mil personas? no, solo le han enseñado que vaya a la derecha-izquierda-derecha entre las piernas, unos pasos para atrás, salto a la espalda, sobre las patas traseras, junto, giro, ladrido, ladrido. Si hace todo eso, no sabe por qué, su dueña se pondrá muy contenta y con suerte, le caerá algún premio.

Pero hay algo más importante. El aprendizaje basado en estímulo-respuesta parte de la base de que el animal no es capaz de poder entender el objetivo de este, ni siquiera de poder tomar iniciativa y decisiones propias. El aprendizaje E-R parte de la premisa de que los animales deben comportarse como maquinitas capaces de responder a las órdenes de forma precisa, pero siempre de mano del adiestrador.

Realmente, para hacer trucos de circo no se necesita nada más que los condicionamientos tradicionales, ni siquiera para cosas más importante como saber discriminar el olor de persona o drogas, o sentarse quieto si huele a explosivo. Pero sí hay un tipo de trabajo que realizan los perros y que puede ser muy importante que este se atreva a razonar y a decidir: Los perros guía.

Bruce Johnston cree que el adiestramiento de perros guía basados en E-R son incompletos. Son muy prácticos para enseñar al perro lo que se pretende de él en los primeros estadios, pero después hay que subir un nivel, y ese nivel es considerar que el perro posee la capacidad de pensar y tomar decisiones, lo que le convierte en un guía mucho más dinámico y fluido.

En su libro, explica que ya hubo etólogos, como Premack o Griffin que en los años 70 habían sugerido que «el comportamiento de muchos mamíferos puede estar dirigido por planes o estrategias guiados por una idea del objetivo» pero la labor y el peso que adquirieron Watson y Thorndike, los padres del conductismo, frenaron cualquier intento de explicar el comportamiento animal con cualquier sugerencia mentalista. Es más, yo me atrevo a afirmar que la visión antropocéntrica imperante en un mundo occidental de raíces monoteístas tampoco ayudó a dar pie a cualquier teoría que diera al animal la capacidad de pensar, a pesar de que se nos antoja muy extraño el que muchos animales puedan sobrevivir en una realidad cambiante sin poder tener una representación del mundo en su cabeza y de crear un plan basado en objetivos. Parece raro, que sean capaces de sobrevivir solo con ensayo y error o interactuar con un entorno cambiante solo con los rígidos instintos.

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Edward Tolman

E.C. Tolman, ya propuso en 1932, que los animales podían aprender cosas sobre el mundo para luego interactuar con él de forma flexible, pero la lucha intelectual con Skinner fue ardua y la acabó perdiendo. El conductismo de estímulo-respuesta se impuso, pero Tolman creó una teoría muy interesante donde: «si había algo fijado, era el objetivo a alcanzar por el animal y no los comportamientos en sí mismos. Creía que la emergencia de comportamientos flexibles por parte de los animales dependía del desarrollo de representaciones mentales de su entorno y una apreciación de los premios y castigos procedentes de ese entorno, que intervienen entre la percepción de estímulos o eventos y la ejecución del comportamiento» explica Johnston.

Pero Volviendo a los perros guía, si explicamos al perro cual es el objetivo a corto plazo y le enseñamos las maneras correctas de actuar, este será capaz de tomar pequeñas decisiones y ser, de este modo, más fluido en su trabajo.

Johnston da dos grandes ejemplos de esto para un perro guía: sortear obstáculos para llegar a un destino y cruzar la calle con tráfico. El esquema no será E-R sino TOTE (Test-Operate-Test-Exit), es decir, al perro se le intenta marcar, siempre que es posible, un objetivo, por ejemplo llegar hasta el final de la calle, y además hemos enseñado al perro las respuestas aceptadas (caminar recto, a una distancia de seguridad del bordillo y sorteando con distancia suficiente los obstáculos). El perro avanza pero hay una farola y aparece un peatón que viene de frente. El TOTE sería:

Test- ¿evitará el hombro derecho, de la persona ciega, el poste?

Respuesta al test: no

Intervención: desplazarse más a la izquierda

Test- ¿evitará el hombro derecho, de la persona ciega, el poste?

Respuesta al test: sí

Salida del ciclo

Test- ¿se evitará al peatón?

Respuesta al test: no

Intervención- desplazarse más a la derecha

Test- ¿se evitará al peatón?

Respuesta: sí

Salida del ciclo

Test- ¿la posición en la acera es correcta?

Respuesta: sí

Salida del ciclo

Seguramente, el perro guía ya actúe de un modo parecido aunque haya recibido un adiestramiento exclusivamente conductista, si no, es difícil entender la complejidad de sus acciones. Pero cuando el adiestramiento se hace teniendo en cuenta la capacidad del perro, podemos imaginar las ventajas que supone, por ejemplo, si le decimos al perro que vamos a hacer un recorrido habitual como ir a casa o al trabajo. Esto, ya no es un objetivo a corto plazo, sino una rutina superior, de modo que todos los cruces o caminos se convierten en subrutinas supeditadas a ese objetivo, de forma que el perro puede elegir entre ciertos puntos de cruce de calles y así sortear obstáculos, obras o coches mal aparcados.

No pretendo aquí desgranar el modelo cognitivo y holístico con el que trabaja Johnston, que por otro lado explica mucho mejor en su libro La mente diestra, pero sí me parece importante empezar a socavar la aparente infalibilidad del conductismo, tratada por etólogos, sicólogos y adiestradores como si se tratara de una verdad inapelable. Pero, en ciencia, pocas cosas son así. En realidad, se trata de teorías con las que intentamos explicar algo que en realidad no sabemos cómo es y si avanzamos en el conocimiento es gracias a lanzar teorías y dudar inmediatamente de ellas. Ya es hora de que empecemos a dudar más y así dar la oportunidad a los animales de dejar de ser tratados como «seres vivos dotados de sensibilidad» pero sin la capacidad de pensar.

 

Acerca de Patricio Jiménez (157 Artículos)
Bloguero y divulgador de temas de naturaleza.

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