Para algunos, los ríos desperdician el agua vertiendo en los mares y todo lo que no está construido es un descampado inútil. Esos son descendientes, al menos ideológicamente, de todos los que destruyeron las cosas españolas en los años 60 y 70 en aras del progreso. El ladrillo es lo único que vale, los parques tienen que ser de aceras y setos y lo que no tiene un uso para los humanos, no vale nada.
Esa misma mentalidad que llevó a algunos a negar la conveniencia de la naturalización del río Manzanares en Madrid, y siguen negando el valor ecológico que ha alcanzado haciendo mascletás o proyectando iluminarlo, rompiendo los ciclos de noche/día y afectando gravemente a las especies animales que allí viven. Los mismos que se dedican a la tala indiscriminada de árboles que está sufriendo la ciudad de Madrid
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Y ahora le toca el turno a la localidad de Pozuelo de Alarcón, concretamente al parque de Montegancedo, el único espacio que queda por construir entre Pozuelo de Alarcón, Alcorcón y Boadilla del Monte. Un «solar» de 70 hectáreas poblado con abundantes encinas (muchas de ellas centenarias), con alcornoques, coscojas, quejigos, pinos piñoneros y sabinas. Un bosque mediterráneo que sirve de refugio a cientos de especies animales y vegetales y que quiere destruirse para construir 900 viviendas en altura y 150 chalets de lujo. Todo eso para cerrar «la brecha urbana», según las propias palabras de Aedas Home y Pryconsa, dos gigantes de la construcción que se reparten gran parte de la obra privada de la Comunidad de Madrid.
El Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, dirigido desde 1983 por el Partido Popular y cuya alcaldesa actualmente es Paloma Tejero Toledo, ha dado luz verde al proyecto de urbanización que lleva sobre la mesa desde 2020, a pesar de la oposición de muchos vecinos y asociaciones ecologistas. Eso significa que, a pesar del recurso interpuesto por Ecologistas en Acción, las constructoras ya tienen permiso político para empezar a hacer las calles y talar 890 árboles.

Un día en Montegancedo
Así que, un día entre semana cualquiera, cogí mi cámara y pasé unas horas paseando por Montegancedo. Es increíble encontrar un lugar así en medio de carreteras y urbanizaciones. De hecho, ese es uno de los principales valores de este lugar, servir de isla-refugio en medio de un entorno urbano densamente poblado.
Todas las fotos de este artículo fueron tomadas en Montegancedo el mismo día en solo unas horas.

Nada más llegar, solo con mirar arriba, pude ver varias rapaces surcando el cielo.

Varios milanos reales eran muy fáciles de distinguir por sus dos manchas blancas en los extremos de las alas y la cola horquillada.

Pero también me sorprendió este busardo ratonero, espléndido, planeando por su territorio.

Muy fáciles de ver eran los aviones comunes, como el de la foto, aunque también vi golondrinas y vencejos, pero estas aves son tan rápidas que es prácticamente imposible capturar un segundo de su vuelo, así que, simplemente, bajé la cámara y disfruté del espectáculo que es verlas hacer piruetas a velocidad de vértigo.

Aunque la mayor sorpresa fue ver un león volando.

Perderse por los caminos de Montegancedo es un auténtico deleite, y ahí es posible escuchar la mezcla perfecta que supone el aullido del viento entre los árboles y las aves reclamando su espacio.
En este audio, grabado con la aplicación Merlin Bird, podemos escuchar y reconocer varias especies de las que estaban cantando en ese momento en esa zona. Se pueden escuchar jilguero, pinzón vulgar, herrerillo común, mirlo común y carbonero común.
Las pequeñas aves de bosque son difíciles de ver y mucho más de fotografiar, pero conseguí tomar muestra documental de algunos ejemplares. Las fotos no son muy buenas, pero primé demostrar que, hay tal variedad y cantidad de especies, que tan solo dando un paseo podemos verlos, sin necesidad de usar hide o métodos de ocultación para hacer mejores fotos.

No solo con el canto, sino también en imágenes pude captar a este jilguero que perseguía a otros congéneres alrededor de la copa de un árbol.

Además de herrerillo común, pude captar a este esquivo herrerillo capuchino, fácil de reconocer por su «capucha» en la cabeza.




Ejemplares de gorrión común , estornino, paloma torcaz y pico picapinos también pasaron por delante de mi cámara, algunos tras cazar un insecto de buen tamaño.
Solo al oírle cantar pude localizar a esta curruca mirlona occidental, muy oculta entre las ramas, por lo que no pude sacar una foto mejor.

Pero el ejemplar que más ilusión me hizo, por ser la primera vez que podía fotografiarlo, fue un trepador azul que posó para mi un buen rato. Estos animales se caracterizan por moverse por los troncos de los árboles en vertical, boca arriba y boca abajo, buscando insectos y, algunas veces, encontrándolos.



No les pude hacer foto, pero también pude escuchar y ver serín verdecillo y urracas. 19 especies diferentes en un paseo de un par de horas, a simple vista, que solo representan a una parte de las especies de aves que allí se alimentan y nidifican.

También vi rastros de conejos, a pesar de que las organizaciones de vecinos y ecologistas han denunciado que las empresas concesionarias han capturado hasta casi la extinción a este pequeño mamífero, presa habitual de zorros y grandes rapaces.


Recorrer Montegancedo es un auténtico placer, es pasear por un pequeño reducto de naturaleza, de bosque antiguo, que se quiere convertir en viviendas con jardines, eso sí, prometiendo la plantación de 25.000 árboles, reduciendo un ecosistema centenario a un número de árboles incrustados en una zona urbana donde vivirán más de 3.500 personas y estarán rodeados de coches y carreteras. Este proyecto, como los descritos al inicio de este artículo, muestran una mentalidad en que la naturaleza no es una red de fauna y flora en complejo equilibrio, sino árboles y setos vallados, con columpios para los niños y pistas de padel. La naturaleza como excusa para vender más caros los chalets y donde los insectos y los animales molestan.






No todos los gobiernos son iguales, y cada vez es más obvio que la protección de los espacios naturales nos benefician de múltiples formas. Esperemos que esto se pueda parar antes de que se este paraje se destruya de forma irremediable.

