La tala de árboles en Madrid: 36.406 árboles menos durante el periodo de Almeida

Miles de árboles maduros han sido talados o transplantados en malas condiciones en los parques de Comillas, Madrid Río, Montecarmelo, Montegancedo, plaza de Santa Ana y ahora en IFEMA.

Entre los puntos del Pacto Europeo por el Clima estaba aumentar los espacios verdes en las ciudades, impulsando varios proyectos para volverlas más verdes y resilientes frente las altas temperaturas y las enfermedades.

Según Nathalie Röbbel, del departamento de salud pública de la Organización Mundial de la salud (OMS), «Los parques, los espacios verdes y los cursos de agua son importantes espacios públicos en la mayoría de las ciudades. Ofrecen soluciones a la repercusión de la urbanización rápida y poco sostenible en la salud y el bienestar (…) Cada vez hay más estudios epidemiológicos que demuestran los diversos efectos positivos que conlleva mantener espacios verdes urbanos, por ejemplo la mejora de la salud mental y la reducción de la depresión, la mejora de los resultados de los embarazos y la reducción de las tasas de morbilidad y mortalidad cardiovascular , obesidad y diabetes».

Un estudio publicado en la revista Health & Place explica cómo el efecto beneficioso de la naturaleza y los espacios verdes urbanos es un concepto ampliamente aceptado desde el siglo XIX, con multitud de literatura científica al respecto y revela la importancia de las intervenciones de salud mental en estos espacios.

Desprecio por la naturaleza

Pero nada de esto parece importar al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, en la Comunidad de Madrid, y de Jose Luis Martínez-Almeida en el Ayuntamiento, ambos del conservador Partido Popular. Desde su llegada al poder en 2019, han firmado multitud de proyectos que han supuesto la tala de decenas de miles de árboles maduros con los vecinos y las asociaciones conservacionistas en contra, y a pesar de tener sobre la mesa modificaciones viables a esos proyectos que suponían una tala mucho menor.

Según datos del propio Ayuntamiento, recopilados por Eldiario.es, las calles y parques de Madrid han perdido 36.406 árboles entre los años 2019 y 2023.

El desprecio por los árboles y las zonas verdes, también se ve claramente en las obras de remodelación de los espacios públicos. La Plaza de Santa Ana es un claro ejemplo, donde se han eliminado todos los árboles de la plaza por las obras del parking subterráneo. La Puerta del Sol es otro caso polémico, pues no se consideraron soluciones que incluyeran maceteros, como se ha hecho en alguna ocasión, sino que la opción del Ayuntamiento ha sido unos toldos que han costado 1,5 millones de euros y no son suficientes para dar sombra en una ciudad que puede alcanzar los 40 grados centígrados.

La última ocasión para seguir eliminando árboles son las obras en el Recinto Ferial de Madrid para hacer hueco a la pista de Formula 1. Unos 729 árboles morirán, presumiblemente, por la megalomanía de Isabel Díaz Ayuso. Ya tuvimos el ejemplo en la Valencia de Rita Barberá y Francisco Camps, que después de más de 600 millones de euros gastados, solo duró 4 años y ahora es un circuito de caravanas y chabolas. Solo sirvió para que algunos se enriquecieran ilegalmente y los políticos pudieran hacerse fotos con el mandamás de la F1 de ese momento, Bernie Ecclestone, y  codearse con los pilotos por el paddock. Lo mismo veremos a Ayuso, que por unos días soñará con ser la alcaldesa de Mónaco, Las Vegas o Yeda.

El pretexto de los trasplantes

De forma incomprensible, la derecha política considera la naturaleza como un jardín ornamental. No valoran todo aquello que no da un beneficio palpable e inmediato, y generalmente les fastidia sobremanera no poder urbanizarlo todo por culpa de unos pajaritos o unos arboles. La tercera ley ómnibus de la Comunidad de Madrid del 2024 reduce los controles, permitiendo, según explican en  Ecologistas en Acción, «intervenir puntualmente en el territorio, por encima de los Planes Generales Municipales y de la normativa medioambiental y patrimonial, para impulsar proyectos de alto impacto ecológico y depredador del territorio como macrocentros de proceso de datos, líneas de muy alta tensión, desarrollos tipo EuroVegas, el AgroHub Monesterio, urbanizaciones residenciales en espacios naturales o ciertos megaparques fotovoltaicos.»

Con el tema de la tala de árboles, siempre argumentan, a modo de expiación, que muchos de ellos serán trasplantados a otros lugares y que se plantarán nuevos. Como han podido comprobar los vecinos de diferentes zonas de Madrid, muchos de esos árboles trasplantados acaban muriendo en la nueva ubicación por el poco cuidado que se pone en ello: trasplantados fuera de época, podados en exceso, con poco cepellón… parece claro que hay muy poco interés en conservar los árboles y se trata más de intentar acallar las críticas.

La otra justificación ante las talas es decir que se plantarán árboles en otras zonas. Otra vez no hay ningún interés en entender lo relacionado con los ecosistemas, ya que cuatro árboles no hacen un bosque. La tala de árboles maduros que forman parte de parques o ecosistemas establecidos, no se pueden comparar con plantar unos árboles nuevos en una parcela exenta, como el caso de Valdebebas, a la que hemos ido para poder comprobar el estado actual de los árboles trasplantados en 2024.

O en Montegancedo, donde quieren eliminar un bosque de encinas centenarias para construir urbanizaciones de lujo, pero eso sí, con la promesa de plantar algunos árboles.

Ese desprecio por la naturaleza y el bienestar de los ciudadanos se nota en todas sus actuaciones. Solo hay que fijarse en el otro pilar de los ecosistemas naturales de Madrid, el río Manzanares. La última ocurrencia del Ayuntamiento es la instalación de focos en un tramo del río, en contra de los expertos que han denunciado que esta medida ornamental e innecesaria perjudicará a las aves, a su cliclo natural de vida y de cria, además de atraer mosquitos y molestar a los vecinos con la contaminación lumínica.

Concentración contra los focos del rio manzanares

La trampa de los premios internacionales

Madrid ha sido reconocida por sexto año consecutivo con el galardon de Ciudad Arbórea del Mundo. Tras todo lo mostrado hasta ahora, ¿cómo es posible?

Pues lo es porque ese reconocimiento se da por cumplir 5 apartados, todos ellos, básicamente, de gestión: contar con un departamento dedicado al cuidado de los árboles, tener regulada su gestión, disponer de un inventario actualizado de todo el arbolado de la ciudad, dedicar un apartado del presupuesto a su gestión y celebrar al menos una vez al año un acto para concienciar a los ciudadanos del valor del arbolado urbano.

Por contra, no penaliza las talas efectuadas ni la destrucción de espacios verdes consolidados, solo las nuevas plantaciones, así que se convierte en una trampa perfecta para blanquear las políticas de Almeida

Destrucción del patrimonio de todos

Los políticos deben trabajar para mejorar la vida de los ciudadanos, para eso se les paga. El desprecio de los diferentes gobiernos de la derecha en Madrid por la salud de los madrileños es alarmante, y los ejemplos son muchos.

Si bien es comprensible que pueda haber obras de mejora para el transporte y movilidad de los ciudadanos que conlleven la eliminación de una serie de árboles y zonas verdes, si hay voluntad, se pueden hacer de manera que se reduzca el impacto. Eso no ocurre actualmente, pues, como en el caso de las obras de la línea 11 de Metro, se han visto obligados por la justicia y la presión social a modificar el proyecto, reduciendo casi a la mitad los árboles talados, es decir, era posible hacerlo, pero no se quiso hacer.

Esta destrucción del patrimonio natural, de todos, está ocurriendo y nosotros somos los únicos perdedores en todo esto. Nosotros, nuestra salud y las decenas de especies de aves e insectos que viven en los parques.

Mientras los políticos y sus intereses particulares sigan primando por encima del bienestar de los ciudadanos, muchos de ellos votantes suyos, solo nos quedará la protesta, la justicia  y las urnas. 

Aves urbanas

Llevo 10 años fotografiando aves urbanas. Las ciudades son lugares duros para las aves, y solo las palomas bravías y algunos gorriones se han hecho a vivir en el asfalto. Pero cuando hay apenas unos árboles, la vida nos demuestra sus maravillas de colores con carboneros, herrerillos, mitos, verdecillos… Desmantelar una zona verde es desmantelar un pedazo de vida de la ciudad. 

Como dice Jean-Noël Rieffel en El elogio de las aves de paso:

"el día en que el mundo esté despoblado de sus pájaros cantores, la humanidad habrá perdido uno de sus mayores tesoros"

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